Mazda MX-5 1.8 Roadster Coupé

Para el protagonista de hoy sobran presentaciones, ya que estás ante el roadster más vendido de todos los tiempos. Título merecido, y no reñido con la distinción, por conservar valores olvidados en la mayoría de modelos actuales de su nicho, y en el resto de coches del mercado. Te hablo de virtudes como la agilidad, el equilibrio y la ligereza, los tres pilares fundamentales para disfrutar de uno de los placeres de esta vida: la conducción en estado puro. Y es que a partir de un buen chasis empiezan las mejores sensaciones al volante.

Así, este Mazda MX-5 tiene enemigos en varios frentes, por ejemplo el Mini Cooper Cabrio por precio, pero en otros es único. La versión de esta prueba, concretamente, se queda descolgada de los Audi TT y BMW Z4, por citar a los representantes descapotables más comunes del nicho roadster, en el que también militan los Mercedes-Benz SLKNissan 370Z Roadster y Porsche Boxster. Y, aunque lo compares con las mecánicas menos potentes de cualquiera de estos modelos premium, seguirá por debajo. ¡Pero ojo! sólo en lo que a números de cilindrada y potencia se refiere. Porque… ¿cuántos de estos nobles modelos pesan sólo 1.150 kg propulsados por el eje posterior? Sigo con el interior y luego paso a mayores.

Como sabes un roadster sólo ofrece 2 plazas, en este caso bajísimas y de ergonomía perfectamente resuelta. El habitáculo es de los más pequeños en los que me he sentado -recuerda que pasa por poco de los 4 m de longitud-, pero no me ha hecho falta más para mi casi metro ochenta. Aunque los 150 litros del maletero se te quedan cortos sólo con hacer la compra. Eso sí, la calidad es la de costumbre en otros Mazda: buena factura y ajuste en un ambiente en el que no hay más que lo justo y necesario.

Esta nueva edición especial del MX-5, llamada Iruka, lleva de serie todo -además de cromados en los tiradores de las puertas, los antiniebla y la parrila, cuero gris en asientos calefactables, luz de freno en óptica blanca y llantas de aluminio pulido de 17 pulgadas-, excepto los faros de xenón. El único color disponible es el Dolphin Grey -que ves en la foto- y sólo se vende en internet por 24.900 euros, con techo duro retráctil y eléctrico que tarda 12 segundos en ponerse o quitarse.

Voy con lo bueno. El motor es un 4 cilindros atmosférico de 1.8 litros y 126 CV de potencia a 6.500 rpm. No te rías porque, a pesar de anunciar una aceleración cercana a los 10 segundos en el 0 a 100 -que lo hace en primera y segunda- y no llegar a los 200 km/h de punta, este coche es una auténtica máquina de sensaciones. Pero olvídate de los 10 litros en ciudad, 6 en carretera y 7 litros de media -a los 100 km- que anuncia en sus consumos, durante la prueba no lo he visto bajar de 10 litros en carretera abierta y de montaña. También es cierto que estira como un condenado -hasta las 7.200 vueltas más o menos- y, sin sonar exagerado, gusta escucharlo por su ronquera bajo de vueltas, que se agudiza a medio y alto régimen. Esto significa que su escape no engaña y suena lo que empuja su mecánica de bajos buenos, medios brillantes y suficiente en la parte alta del cuentarrevoluciones. Los frenos, sorprendentes por su aguante, son progresivos y tienen buen mordiente.

La suspensión es cómoda y agarra bien, pero en cambios de apoyo bruscos la carrocería acusa el hundimiento del morro. Y si te pasas con el pie derecho, ¡ya sabes lo que se te viene encima! Por eso, disfrutarías aún más -gracias a sus controles permisivos- del sobreviraje con unos amortiguadores más duros y muelles más cortos. La dirección también es suave, pero exacta al transmitirte lo que pasa bajo las ruedas. Aunque si me quedo con algo, es con el cambio manual de 5 velocidades al que se asocia este motor: pomo y recorrido cortos, de relaciones ajustadas, con una segunda y tercera realmente contundentes -esta última es fundamental en adelantamientos- y tacto deportivo -pero equilibrado-: suave, preciso y con algo de resistencia en la inserción.

Ya sabes, no busques más porque él te acaba de encontrar.